viernes, 22 de febrero de 2008

Tristeza

Cuando nacemos nos dan un pequeño recipiente, en él viene escrita la palabra "TRISTEZA". Éste es pequeño como bien he dicho de tal forma que si nos retiran la teta o nos desabrigamos un poquito se llena, de aquí deriva la expresión "esto me llena de tristeza" (y por esto los berreos de los críos). El pequeño recipiente, con el tiempo, se hace cada vez más grande, cada vez necesitamos más desastres para "llenarnos de tristeza" por eso el que nos quiten un plato de comida que no está terminado nos pone tristes pero nunca nos llenará de tristeza salvo en muy contadas ocasiones. El frasquito además es flexible, así cuando nos pasa algo muy grave la tristeza no cabe dentro de él y lo obligamos a ensancharse hasta hacer su hueco. Con este método necesitamos cada vez más cosas para llenarnos de tristeza porque el tamaño que ocupa dicho recipiente nos obliga a relativizar las cosas tristes.

Hoy he visto la nota del que debería ser mi último examen de Química Física de la carrera: 4.3, la revisión es el martes, pero 7 décimas en una revisión no se levantan así como así. Lo que supone, además de un nuevo examen, el terminar la carrera en septiembre. Una putada. De camino a casa iba pensando en lo malo que era esto, en la rabia que me da y en lo triste que estoy: mucho menos que cuando suspendía por primera vez una (varias) asignaturas en primero de carrera. Entonces desarrollé la teoría antes expuesta.

Hace un año y siete meses (menos un día) ocurrió lo peor que me ha pasado en la vida, mi recipiente se hizo tan grande que desde entonces nada me ha vuelto a llenar de tristeza salvo pensar en aquello, alguien puede pensar que no hay mal que por bien no venga pero nada más lejos de la realidad. Ahora cuando me pasan cosas malas me doy cuenta de que no estoy lo triste que estaría hace todo ese tiempo y no puedo evitar pensar en la razón de este hecho, así que me lleno de tristeza igual, pero por otro motivo.

Hoy no es un buen día.